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domingo, 21 de diciembre de 2014

EVANGELIZACIÓN



Para el apostolado no hay mejor camino que el fracaso del apóstol. Por contradictorio que parezca, para la ineficacia apostólica nada mejor que la elaboración de minuciosos proyectos de evangelización. Obstaculizamos los resultados cuando los buscamos directamente.
Un evangelizador debe aprender a saber esperar, pues así comprende que la obra que debe llevar a cabo no es la suya, que es únicamente un instrumento, y que en ningún trabajo del mundo son las herramientas (sino los patronos) quienes deciden cómo y cuándo se realiza una tarea.
Cualquier desdichado no tiene en este mundo más necesidad que la presencia de alguien que le preste atención. Por eso, escuchando, sin prisa, ya queda sembrada la semilla del evangelio.
No se puede evangelizar un pueblo al que antes no se ha escuchado, pues el evangelizado debe sentirse siempre protagonista de la evangelización.
Evangelizar consiste en interesarse por las historias ajenas, pero sin anhelar que acabe pronto esa historia para enlazarla con la supuesta y verdadera Buena Noticia.
Solo escuchar, sin aconsejar o amonestar, sin llegar a conclusiones, es lo que Dios hace preferentemente con nosotros.
Para evangelizar hay algo fundamental: la amistad entre el evangelizador y el evangelizado. No es posible evangelizar a nadie del que antes no te hayas hecho amigo.
La amistad es el mejor modo de evangelización, pero de uno mismo en primer término.
No se puede evangelizar sin antes ser evangelizado, ni podemos dar nada meritorio si no se sabe recibir.
Evangelizar, además, no consiste en dar a alguien lo que no tiene, sino permitir que sea él quien lo descubra por medio tuyo.
Los pobres nos evangelizan: esta es la principal lección que aprende todo misionero tarde o temprano. Todo lo demás es proselitismo, no apostolado.
El verdadero apostolado cristiano solo se hace desde la debilidad, nunca desde la fuerza.
En nuestro entorno vamos a encontrar la pobreza de los que no conocen el amor que Dios nos tiene, ni viven bajo la luz, la amistad y el consuelo de Jesucristo; y la de los que carecen de lo elemental para vivir dignamente. En ambas pobrezas hay sufrimiento que nos debe llevar a la compasión por ellos; en un caso para ofrecerles el evangelio de Cristo y que su vida tenga sentido,  y en el otro para darles de comer.
Las personas alejadas escuchan más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan. Por eso es importante evangelizar mediante la conducta, mediante nuestra vida de fidelidad a Jesucristo en la pobreza y la libertad frente a los poderes del mundo.
Para reflexionar:
¿Podemos evangelizar sin escuchar o sin amistad? Solo se transmite lo que se lleva dentro ¿qué o a quién llevamos?

domingo, 12 de agosto de 2012

INCREENCIA

Hoy, el cristiano tiene la sensación de nadar contra-corriente.
Ya no es natural ser creyente. Un desinterés religioso parece envolverlo todo.
La cultura que se difunde en la sociedad está dominada por la increencia. Los medios de comunicación que invaden los hogares, propagan una cultura que favorece la increencia.
La religión es considerada por muchos como ignorancia o falso consuelo ante las injusticias sociales.
Sobre todo entre los jóvenes, se da un cientifismo que les lleva a negar los principios del mensaje cristiano.
Aunque es preciso resaltar que, la increencia de la mayoría no es fruto de una decisión responsable, sino resultado de una existencia “in-trascendente”.
La cuestión es vivir. Vivir lo mejor posible el presente sin plantearse grandes problemas.
No es extraño encontrar en la sociedad actual una postura de indiferencia religiosa. Son indiferentes no sólo al cristianismo sino a toda búsqueda o interrogante religioso.
Nos hacemos esta pregunta: ¿no será esta la causa de tanta infelicidad en nuestro mundo? 
El hombre prescinde de su raíz, de su esencia, de su razón de ser, de su Creador, ¿no será esta la causa de sus depresiones, insatisfacciones, tristezas y falta de motivación ante la vida?