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lunes, 9 de junio de 2014

ALABANZA DE LA GLORIA DE DIOS



San Pablo en su carta a los efesios nos dice que Dios nos ha destinado a ser alabanza de su gloria. Y, ¿Qué es la gloria de Dios? ¿Cómo nos convertimos en alabanza de su gloria?
Ef 1, 5: “Él (Dios) nos ha destinado por medio de Jesucristo según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado”.
Podemos entender la gloria como la reputación o fama que tiene el que realiza buenas acciones o tiene grandes cualidades, y cuando se lo reconocemos, lo alabamos.
Pero en su sentido original, la gloria hace referencia al mismo ser en cuanto que se manifiesta.
La gloria de Dios es Dios mismo en cuanto que se manifiesta. Y lo que Dios es y a su vez brota de su propia vida íntima es su bondad, amor y verdad.
La gloria en principio es descendente, va de Dios al hombre. Dios nos da su amor y verdad, y ante esta gracia que recibimos nos llenamos de Dios, participamos de su vida y le respondemos libremente dándole gracias y convirtiéndonos en alabanza de su gloria, es decir, manifestando en nosotros su amor, su verdad y su bondad.
La gloria de Dios es que el hombre viva con la vida verdadera: que participe de la vida trinitaria. O lo que es lo mismo, la gloria de Dios busca nuestra salvación.
Se trata de ser buenos y amar como Dios es bueno y ama. Pero como esto no lo podemos conseguir con nuestras propias fuerzas, nos tenemos que transformar, por obra del Espíritu Santo, en la misma imagen de Cristo. Así participamos de la vida trinitaria y, damos gloria al Padre cuando, unidos a Cristo, amamos como él.
A medida que nuestra vida toma el estilo del Evangelio, vamos haciendo nuestra su gloria, nos transformarnos en gloria, en la misma imagen de Cristo.
Ser alabanza de la gloria de Dios es ser sus hijos, participar de su vida y, manifestar y comunicar en nuestras vidas su bondad y su amor.
Dar gloria a Dios es parecernos cada vez más a Dios, unirnos cada vez más a Jesús, para que se manifieste en cada uno de nosotros el amor y la bondad de Dios.
Para reflexionar:
Si por el bautismo participo de la vida de Dios ¿manifiesto en mi vida su amor? ¿Cómo puedo amar y ser perfecto como Dios?

domingo, 23 de marzo de 2014

HISTORIA DE LA SALVACIÓN. CARTAS A EFESIOS Y ROMANOS



S. Pablo en su carta a los efesios nos habla del designio salvífico de Dios, que pasa por nuestra elección por parte de Dios antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos.
Por la creación hemos sido llamados a la vida, y además somos llamados para participar de la misma vida de Dios.
Su plan es que seamos santos por la caridad, que no es hacer buenas obras, es hacerlas participando de la vida de Dios, y esto es ser hijos en el Hijo.
Este es el plan original de Dios, pero con el pecado el hombre rompe con Dios, y tiene que venir el plan de salvación de Dios.
Por eso nos dice la carta a los efesios que Dios nos destinó, por medio de Jesucristo, a ser sus hijos, y por él hemos obtenido la redención.
Con el pecado no sabe el hombre el sentido de su vida y cree que está en él mismo, con el pecado vamos sin rumbo, pero Dios no nos abandona y nos hace volver a ver que existimos para vivir en el amor, quiere que volvamos a ser hijos en el Hijo.
Creyendo en Cristo y marcados por el Espíritu Santo a través del bautismo, se restaura el plan de Dios.
También nos dirá S. Pablo en su carta a los Romanos que Dios, a los que de antemano conoció los predestinó, es decir, estamos predestinados al conocimiento de Dios, a reproducir la imagen del Hijo, de forma que quien me ve a mi ve a Cristo.
Y a los que predestinó los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.
Primero nos llama a la existencia para que vivamos según su designio, pero al entrar el pecado nos tiene que justificar, pues el pecado destruye la semejanza y para volver a restaurar la imagen del Hijo en el hombre, se necesita la justificación.
La redención nos hace justos, salvos, santos. Ser justo es ajustarme a Dios, a la medida de Dios. Y la medida de Dios es el Hijo (esto es ser cristiano, que mi medida sea Jesucristo).
Una vez justificados, nos glorifica. Yo estoy llamado a una glorificación de Dios, hemos sido creados para alabanza de su gloria.
La gloria de Dios es su bondad, amor y verdad.
La gloria de Dios es que seamos sus hijos, que volvamos a su casa, que participemos de su vida, que reproduzcamos a su Hijo.
Se trata de que yo sea bueno como él es bueno, que yo ame como él ama… y esto solo lo puedo hacer participando de su vida.
Nos trasformamos en la misma imagen de Cristo a medida que obra en nosotros el Espíritu Santo, y esto es transformarnos en gloria.
A medida que Cristo va conquistando nuestras facultades por la fe y la caridad, y nuestra vida toma el estilo de su evangelio, vamos haciendo nuestra su gloria, nos transformarnos en gloria, en la misma imagen. Esto se hace cuando actúa el Espíritu del Señor, el amor de Dios.
Yo doy gloria al Padre transformándome en el Hijo y amando como él.
Todo esto es la llamada que todos tenemos a ser santos. Dios llama a la santidad como respuesta a su amor. Todos somos llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad.
Para reflexionar:
¿Cómo nos salvamos? ¿Cómo nos convertimos en alabanza de la gloria de Dios? ¿A qué estamos llamados?

domingo, 29 de diciembre de 2013

LA LITURGIA EN LA ECONOMÍA DE SALVACIÓN



Dios crea el mundo con una finalidad, tiene un proyecto de salvación para el género humano.
Esta salvación proyectada y revelada por Dios Padre es un misterio: primero fue anunciada y preparada por los profetas, luego llega a plenitud y se cumple en Cristo, para posteriormente darse a conocer por la predicación de los apóstoles a través de la Iglesia, gracias a la acción del Espíritu Santo.
Dios al encarnarse se une a la historia humana, y así, la salvación se realiza en el tiempo.
Ahora estamos en la tercera y definitiva etapa de la historia de la salvación, en el tiempo de la Iglesia o del Espíritu Santo donde Cristo manifiesta, hace presente y comunica su salvación. Esto lo hace el Espíritu Santo que actúa en la acción de la Iglesia y nos introduce en la historia de la salvación. 
La liturgia hace presente los acontecimientos que nos salvaron. En cada celebración por la efusión del Espíritu, la muerte y resurrección de Jesucristo que ocurrió de una vez para siempre, se actualiza y se hace presente, se hace memorial.
La liturgia, con lo que le precede (la conversión y la fe) y con lo que le sigue (la vida moral) es el modo actual de entrar en la corriente histórica de la salvación.
El centro de esta economía de salvación está ocupado por el misterio pascual de Jesucristo, que es lo que la iglesia anuncia y actualiza en la liturgia.
Igual que Cristo fue enviado por el Padre, él mismo envió a los apóstoles para que realizaran la obra de salvación mediante los sacramentos, mediaciones por las que actúa y se hace presente Cristo resucitado.
El Cristo que realiza la salvación está presente y actuando en la liturgia, confiere a esta una eficacia salvadora. La Iglesia anuncia y realiza la salvación, hace lo mismo que hizo Jesucristo.
Cristo nos redime con su misterio pascual, instituye el memorial de su muerte y resurrección y se lo entrega a la Iglesia, y en ella, el Espíritu Santo nos descubre el significado salvífico de este misterio, lo hace presente, y nos introduce en él a través de la liturgia.
Los sacramentos, con la Eucaristía como sacramento central, son la acción por medio de la cual la Iglesia hace presente a Jesucristo con todo su poder, en la vida de los creyentes.
La resurrección de Cristo es la fuente de toda sacramentalidad. La humanidad glorificada de Cristo se hace presente en cada sacramento.
La sacramentalidad de la Iglesia se expresa sobre todo en la Eucaristía.
La Eucaristía es la cumbre de la vida cristiana, por lo que todas las demás acciones sagradas y obras de la vida cristiana, se relacionan con ella, proceden de ella y a ella se ordenan.
En resumen, la liturgia es la presencia de la salvación en la historia, ya que a través de los sacramentos nos inserta en el misterio pascual de Cristo, que es lo que nos redime y nos salva. El hombre acoge la salvación por medio de los sacramentos.
Esta vida de gracia recibida por medio de la iglesia a través de los sacramentos nos lleva a cumplir una moral, para vivir como cristianos.
La moral cristiana nos llevará a la caridad, que es la virtud moral más importante, de forma que con la caridad, cumpliendo el amor, nos presentaremos ante Dios.
Para reflexionar:
¿Nos damos cuenta de la importancia de la Eucaristía para nuestra vida cristiana? Si en los sacramentos actúa Jesucristo y a través de ellos nos metemos en la historia de la salvación ¿cómo participamos de los sacramentos?

jueves, 17 de octubre de 2013

TEOLOGÍA FUNDAMENTAL



El contenido de la Teología fundamental es la Revelación de Dios a la humanidad y su acogida en la fe.
Ante la Revelación la teología escucha y reflexiona lo que dice, y la justifica.
La Revelación se justifica porque la fe es razonable, coherente con la razón humana. Para creer no hay que prescindir de la razón.
Se trata de justificar de forma racional la aceptación de la Revelación divina.
La teología pretende presentar el mensaje cristiano exponiendo los motivos por los que se justifica el sí de la fe a la revelación divina. Hay que justificar el sí que le damos a la persona y al mensaje de Jesucristo que la Iglesia anuncia.
Pero no es sólo ver qué dice la Revelación, sino verlo en dialogo con el otro (con el que no cree) y buscar la justificación racional.
Ya desde el inicio del cristianismo la predicación cristiana tiene, entre otras, una función apologética en cuanto trata de “dar razón” o “explicación” al que nos interroga por nuestra fe (1 Pe 3, 15: “... dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza”).
Este texto está dirigido a cristianos que viven en la diáspora, que lo están pasando mal, pues son perseguidos, criticados y burlados por la sociedad (algo parecido a la actualidad).
El cristiano debe saber dar una razón o respuesta no solo de su fe, sino también de su esperanza, pues ésta conecta con el sentido de la vida.
Esta conexión de fe y razón muestra que la revelación es creíble, hay que mostrar que Jesucristo es creíble.
Hoy es importante mostrar que el cristianismo es una respuesta con sentido para el hombre actual.
Para reflexionar:
¿Cómo es mi fe? ¿Creo sin cuestionarme lo que se me transmite? o ¿No creo más que lo que se puede demostrar?  


jueves, 11 de abril de 2013

GLORIA DE DIOS



Estamos llamados a una glorificación de Dios, hemos sido creados para alabanza de su gloria.
¿Qué es la gloria de Dios?: su bondad, amor y verdad. La gloria intrínseca de Dios es la que brota de su propia vida íntima, y es que Dios es amor, es verdad, es la suma bondad.
¿Quién da gloria al Padre?: el Hijo. Solo el Hijo ama y da gloria al Padre.
Pero nosotros hemos sido llamados por Dios para que participemos de la Vida de la Trinidad, para ser alabanza de su gloria, es decir, para que manifestemos en nosotros su amor, su bondad y su verdad. La gloria de Dios es que el hombre viva con la vida verdadera, con Dios.
Se trata de que yo sea bueno como él es bueno, que yo ame como él ama… y esto solo lo puedo hacer participando de su vida.
Nos trasformamos en la misma imagen de Cristo a medida que obra en nosotros el Espíritu del Señor, y esto es transformarnos en gloria, es participar en su propio amor y bondad.
A medida que Cristo va conquistando nuestras facultades por la fe y la caridad, y nuestra vida toma el estilo de su evangelio, vamos haciendo nuestra su gloria, nos transformarnos en gloria, en la misma imagen. Esto se hace cuando actúa el Espíritu del Señor que es el amor de Dios.
Dios nos hace participar de su amor y bondad. La gloria de Dios es que seamos sus hijos, que participemos de su vida, que manifestemos y comuniquemos su bondad y su amor.
Hacer de nosotros hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de su gloria.
Como el amor de Dios tiende a expandirse, la criatura hecha a imagen de Jesucristo, si vive en la verdad de su ser dado por Dios, manifiesta la bondad de Dios.
Yo doy gloria al Padre transformándome en el Hijo y amando como él.
La finalidad de la vida cristiana no es mi perfección, el fin absoluto es la gloria de Dios, que Dios sea glorificado en mí, y su gloria es que participe de su felicidad.
Para alcanzar esta gloria, el fin secundario o relativo es nuestra santificación. Que se manifieste en mí la bondad de Dios.
Dar gloria a Dios es parecerme cada vez más a Dios, unirme cada vez más a Jesús, para que se manifieste en mí el amor y la bondad de Dios.
Para reflexionar:
¿Manifestamos la gloria de Dios en nuestra vida? ¿Podemos ser perfectos como nuestro Padre?

domingo, 7 de abril de 2013

VOCACIÓN DEL HOMBRE



¿Qué hacemos en este mundo?  ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? ¿Para qué y por qué vivimos?
La teología nos va a decir para qué y por qué nos ha traído Dios a este mundo. Se trata de ver que dice Dios sobre el sentido de nuestra vida.
La existencia de nuestra vida comienza en Dios. No hemos venido a la existencia fruto de la casualidad o del azar, hemos sido llamados.
Esta es nuestra verdad, que Dios nos ha dado la existencia libre y gratuitamente, no porque él nos necesite.
Pero, ¿por qué y para qué ha hecho Dios esto?: San Pablo nos dirá que nos ha dado Dios la vida para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor.
Hemos sido llamados a la existencia en un acto de amor y solo en el amor encontraremos el sentido de nuestras vidas.
Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad, ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada… Para que participe de su vida.
Dios quiere que participemos de él mismo. Dios quiere que otros compartan su felicidad.
Yo he sido creado para ser participe de la vida de Dios mismo, para ser participe de una vida bienaventurada (vida feliz).
Y por eso, en todo tiempo y en todo lugar Dios está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle, a amarle…
La busca del hombre es el eco de la llamada de Dios a conocerle, a amarle (Dios me lanza su voz: “quiero que seas feliz”, y en mi corazón nace el deseo de la felicidad. Por eso el hombre es un buscador).
La Iglesia es la realización de la vocación de Dios a la humanidad.
Dios convoca a todos los hombres que el pecado dispersó a la unidad de su familia, la Iglesia.
Tener parte de su vida bienaventurada, formar parte de la Trinidad, formar parte de la familia de Dios, se llama Iglesia.
La vocación de todo ser humano es formar parte de la Iglesia.
El ser humano es un ser llamado y libre, por eso al responder puede decir no.
Decir “no” es quedarnos sin vocación, nos quedamos sin sentido.
El deseo de Dios es nuestra vocación a la bienaventuranza.
Tengo que conocer primero a Dios para conocerme a mi mismo, y cuando empiezo a conocer el deseo de Dios voy comprendiendo el sentido de mi vida.
La vocación del hombre es la vida en el Espíritu Santo, una vida de amor.
Para reflexionar:
¿Hemos pensado para qué estamos en el mundo? ¿Dios nos ha creado para que participemos de su vida y el camino para ello es el amor? ¿La Iglesia es el medio para llegar a participar en la vida de Dios?

domingo, 17 de febrero de 2013

ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA: ORIGEN DEL HOMBRE



El hombre cuando se reconoce a sí mismo, se reconoce en su historia viviendo, con un proyecto de vida que le obliga a optar constantemente. Se sabe dueño de sus actos y debe responder de ellos.

Quiere conocer su origen y descubre que la vida le es dada, pues nadie ha pedido ni decidido nacer, descubre que es criatura porque no se ha dado a sí mismo la vida.

Pueden haber 3 principios de todo lo que existe: la materia eterna, el azar y la creación.

Si nuestro principio fuera la materia: ¿La materia puede evolucionar y llegar a ser una persona con pensamientos? Y si el pensamiento también es materia ¿qué es la materia, cómo de la materia puede salir el amor?

Partiendo de la materia podemos pensar que venimos de una evolución animal, pero ¿somos solo materia? ¿se puede pasar de la materia al espíritu? ¿la materia es eterna?

Otra posibilidad es que nuestro origen sea el azar, que hayamos surgido casualmente de una evolución.

Si eso fuera así, el hombre sería fruto de algo casual y, ¿somos fruto de una casualidad o de la suerte?

Preferimos, y creemos, haber nacido por un acto de amor. Puestos a elegir que procedemos de una materia eterna, de un azar, pensamos que un acto creador de amor es nuestro origen.

Un acto de amor sólo lo puede producir alguien que ama, y si nuestras vidas tienen un principio de amor, tendrán un fin de amor.

La criatura remite a su creador, pero tienen que ser distintos para decirle te quiero. El amor exige la alteridad, y nosotros somos el tú del Creador.

De las 3 opciones del origen del hombre, la más racional es la que dice que somos criaturas salidas de un acto de amor, y sea lo que sea ese Dios Creador, llevamos su imagen, pues el creador de esa obra se manifiesta en lo creado.

Si no sabemos de donde venimos, difícilmente sabremos a donde vamos. El inicio y el fin coinciden, si sabemos de donde venimos sabremos a donde vamos.

La vida del hombre carecería de sentido si no se sabe de donde viene, porque no sabría a donde va.

Si pensamos que el hombre es criatura creada por un principio, que llamamos Dios, y si el fin del hombre está en su principio, el fin del hombre es Dios.

Este fin es un bien para el hombre. El bien es lo que es el hombre, la verdad de su ser.

martes, 12 de febrero de 2013

EL HOMBRE: ANTROPOLOGÍA TEOLÓGICA



Es hablar del hombre teniendo en cuenta la revelación, lo que Dios ha dicho sobre el hombre. Desde la razón iluminada por la fe contemplamos al hombre.
La fe es un conocimiento de la verdad que incide en la razón, y sin distorsionar la realidad, entiende cosas que sin fe sería imposible descubrir.
Cuando en la revelación Dios nos habla de sí mismo, nos dice que es Padre, que es Creador… por lo que indirectamente está hablando del hombre. En la revelación hay una información sobre el hombre.
Por eso pensamos que Cristo, como revelador del Padre y de su amor, manifiesta el hombre al hombre, y le da a conocer su vocación.
El hombre puede saber quien es cuando conoce a qué está llamado. Y la revelación nos dice que estamos llamados a estar siempre con Dios.
Hay en el hombre un deseo de felicidad, de ser amado… porque el Creador nos ha hecho así para poder encontrarnos con Él.
El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, y cuánto más conocemos a Dios, más conocemos al hombre. Así, vamos descubriendo que el hombre es objeto del amor de Dios, que está abierto a los demás (por estar hecho a imagen de Dios que es comunidad de amor), que debe trabajar y descansar (como hizo Dios)…
Vamos viendo qué es ser hombre desde la perspectiva de Dios, y descubrimos que ser hombre es parecernos a Jesucristo, el hombre perfecto.
La antropología teológica debe tener en cuenta unas dimensiones que definen la relación del hombre con Dios.
1. El hombre ha sido llamado por Dios al amor y a la filiación, nos llama para que experimentemos su amor y seamos sus hijos. La relación que existe entre Dios y el hombre es de amor y paternidad.
2. Para que exista esa relación, ese hombre ha sido creado. Para que el hombre pueda ser hijo de Dios, Dios lo ha llamado primero a la existencia.
El hombre ha sido creado para una relación de amor con Dios como hijo.
Pero para que el hombre pueda responder a esa llamada ha de ser libre. El hombre ha sido llamado a la existencia siendo libre y con una estructura dialogante para poder responder.
El hombre es criatura y si no busca el original (Dios) de quien es imagen, no se podrá entender a sí mismo del todo.
3. El hombre, como es libre, le puede decir no a Dios, y le ha dicho no a la llamada de Dios, ha roto su relación con Él. Esto indica que el hombre está herido por el pecado.
Al hombre le cuesta entender y captar a Dios, piensa que Dios le molesta, y le dice no. Tenemos una resistencia a Dios por el pecado original. Nos gustaría decir sí a Dios, pero nos cuesta. El ser humano es ruín y generoso a la vez.
Estas 3 dimensiones pertenecen a nuestra existencia humana. Las 2 primeras dimensiones responden al designio de Dios, es lo que Dios quería de nosotros.
La tercera dimensión es algo que ha sobrevenido históricamente, algo que Dios no quería y que es causado por el hombre. Supone destrucción para el hombre.
Estas 3 dimensiones no se refieren a 3 clases de seres humanos, sino que se dan en el ser humano actual (independientemente de que conozca o no a Jesucristo).

lunes, 21 de enero de 2013

EL DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO I



En la Biblia no existe un tratado sobre Dios, no busca definirlo. El Antiguo Testamento considera los acontecimientos históricos del pueblo de Israel como relaciones del hombre con Dios, ya que Dios interviene en la historia y se hace protagonista de ella, para liberar y salvar a los hombres.
El Antiguo Testamento nos muestra como el hombre va  conociendo a Dios y sabiendo qué es lo que quiere, ya que es en la historia donde el pueblo se encuentra con Dios, donde el hombre es capaz de descubrir a Dios.
Son escritos surgidos a lo largo de la historia del pueblo de Israel, que manifiestan la estrecha relación que existe entre los acontecimientos y la interpretación teológica que el pueblo hace de ellos.
En el Antiguo testamento Yahvé aparece como el Dios que se ha revelado a Israel y del que éste ha tenido experiencia en el éxodo, en el Sinaí y en tantas otras circunstancias de su historia.
Es Dios quien habla de sí mismo, y habla el Dios fuerte, omnipotente y poderoso, cuya visión y proximidad produce en el hombre una actitud de reverencia y un temor indefinible, cuya Palabra es eterna e irrevocable. Pero habla también el Dios amable, cuya palabra resuena en los oídos o se percibe interiormente.
A Dios no se le conoce por medio de una profunda reflexión, sino a través de un conjunto de intervenciones en la historia, no por medio de una investigación, sino porque Él mismo ha querido revelarse.
La trascendencia de Dios le convierte en “absolutamente otro”, con quien nada se puede asemejar.
Es un Dios vivo, activo, eficaz, siempre presente, poderoso, que se relaciona con su pueblo por medio de alianzas.
Dios no es un ser lejano que se limita a gobernar el orden del mundo y se desentiende de la suerte de los hombres, sino un Dios que ama a los hombres, que se comunica a ellos, que se compadece de sus males, que reclama una respuesta.
Este Dios del Antiguo Testamento es cercano y transcendente, está por encima del tiempo y del espacio. 
Dios va “jugando” con la libertad del hombre, sigue con su plan de salvación a pesar de los reyes que tiene Israel, de las invasiones… Dios se mete en la historia para conseguir su objetivo. Por ello ningún acontecimiento es negativo (incluso el exilio que fue visto como la destrucción de Israel, sirvió para purificar la fe del pueblo).
Yahvé actúa constantemente en la historia de su pueblo de acuerdo con un plan, y aunque tiene que juzgar y castigar, al final triunfa la salvación.

domingo, 20 de enero de 2013

EL DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO II

Cuando se escribe el Génesis se está en el exilio, la fe del pueblo de Israel que se había venido abajo se ha recuperado, y ahora es todo a lo grande, ven a Dios con un gran poder, capaz de crear al mundo.
Es además un Dios cercano y familiar, se le nombra como el Dios de nuestros padres, a quienes se les apareció por primera vez y que fundaron su culto. Está ligado a un grupo, al que protege, acompaña, promete una tierra y descendencia.
Aparece la fe como un encuentro personal con Dios, como una experiencia personal.
Es un Dios que sale al encuentro de sus criaturas para establecer una alianza. La historia de la salvación es una historia de alianzas de Dios con la humanidad. Es un Dios fiel que cumple las promesas.
Dios revela su nombre a Moisés: "Yo soy el que soy",  se  manifiesta como el que es, el que existe, el que actúa, en favor de Israel, como el que lo libera y lo salva.
La salida del pueblo judío de Egipto se convierte en una auténtica liberación, en una verdadera salvación. Esta salida es el primer paso de un proyecto más ambicioso.
Yahvé es presentado como un guerrero que combate por su pueblo. La victoria de Yahvé es una victoria de la libertad y de la vida, sobre la esclavitud y la muerte.
Entre el punto de partida y el de llegada (la tierra prometida), se interpone un largo camino, con el Sinaí que es donde Yahvé se manifiesta y constituye a Israel como su pueblo, le revela su ley y concierta una alianza, les transmite el decálogo y el código de la alianza, que es el compromiso del pueblo con su Dios.
Yahvé no admite ningún dios rival. Es un Dios celoso que pide cuenta de las transgresiones a los que le odian, pero muestra misericordia con los que le aman y observan sus mandamientos.
La salida de Egipto se cierra con la entrada en la tierra prometida, que no es para vivir relajadamente, es para trabajarla, y Dios les regala la tierra y lo necesario para que fructifique. Al ser herencia recibida de Dios se debe conservar, cuidar y proteger.
Dios es el Dios de Israel, el que los sacó de Egipto para hacer alianza en el Sinaí. Israel se constituye como pueblo de Dios en el Sinaí.
La idea de Yahvé como Dios de Israel y de éste como pueblo de Dios constituye la fórmula central de la alianza.
La relación entre ambos tiene como base el amor de Dios, que por pura iniciativa suya eligió a Israel como pueblo de su propiedad personal. Por eso Dios interviene ante su pueblo con exhortaciones, amonestaciones y castigos, que han ido en aumento hasta desembocar en la destrucción de Jerusalén.
Pero la palabra de Dios se cumple siempre; la promesa de la casa de David está vigente. El futuro del pueblo se halla en las manos del Señor. La entrada de Israel en la tierra fue don suyo y la vuelta a la misma habría de interpretarse como pura gracia de Dios. 
La caída de Jerusalén y el destierro son consecuencia de las continúas infidelidades de Israel a la ley del Señor. 
La relación constante entre Dios y su pueblo se manifiesta en la retribución. Dios aparece como justo juez, que premia y castiga. Israel ha de mantenerse fiel al Señor y ser reverente en el culto que le tributa.
El Dios de los profetas es el Dios que habla por su boca. De ahí, la fórmula de mensajero, con que se abre a menudo el mensaje profético: "así dice Yahvé".
La palabra de Dios son los oráculos de condena y de salvación, es la denuncia profética y la invitación a la conversión.
Los profetas se esfuerzan por mostrar que Yahvé es el verdadero Dios de Israel, denuncian la injusticia social, presentan a Yahvé como el marido y a Israel la esposa infiel a la que perdona y promete volver a desposarla para siempre, describen a Yahvé como un padre que rodea de ternura y cariño a su hijo Israel, aparece como santo, como rey y señor de los ejércitos cuya gloria llena toda la tierra.
Yahvé castiga y condena el pecado de Israel, pero antes invita a la conversión y ofrece su perdón.
Aparecen oráculos de condena en los que Dios aparece como juez soberano, que interviene en los acontecimientos del mundo, y oráculos de salvación, entre los que destaca el anuncio de la nueva alianza de Dios con su pueblo.
Se habla de Dios como creador y salvador. Su poder creador se pone al servicio de su plan salvador, su amor no se limita a Israel, sino que se extiende a todos los seres.
El Dios de los profetas es polifacético. Cada profeta destaca rasgos particulares de Dios. Es el Dios por el que ellos se han dejado seducir, el Dios que ha transformado su vida y que han transmitido en su mensaje.
Los profetas, más que hablar del ser mismo de Dios, hablan de la actuación de Dios en la historia. Así van saliendo una serie de atributos divinos (celoso, santo, misericordioso, eterno…), títulos y funciones de Dios (creador, esposo, juez, padre, salvador…), así como también imágenes verbales (león, cazador, médico, pastor…).
Los salmistas tienen conciencia de su pertenencia al pueblo de Dios, se sienten hijos de Dios, de ahí, que acudan a Él llenos de confianza, bien sea para alabarlo o para pedirle algo.
La intervención de Dios es siempre liberadora y devuelve la alegría y la seguridad al orante, que a menudo expresa su comunión con Dios.
 

EL DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO III



Afirmaciones que se hacen sobre Dios en el Antiguo Testamento: En primer lugar Dios aparece como uno y único: “escucha Israel, Yahvé es nuestro Dios, es único, amarás  a Dios con todo tu corazón, todas tus fuerzas…”
Israel no tolera adoración a otros dioses. Está en una lucha constante contra el politeísmo.
Elías lucha por distanciar a Yahvé de los Baales, diciendo que Dios es el totalmente otro y exclusivamente uno, y lo antepone a los otros dioses. Isaías anuncia un monoteísmo que ya se ha hecho consciente: sólo Yahvé es Dios, no hay Dios justo ni salvador fuera de mí, dice el Señor.
En segundo lugar aparece la Santidad de Dios: Dios trasciende todas las cosas, es infinito y absoluto. Esta realidad distinta, grande, otra, diferente… se expresa con la palabra santo.
Eso lleva al pueblo de Israel a tener conciencia de la supremacía de Dios con respecto al mundo.
El señorío de Dios sobre el mundo trasciende el tiempo y el espacio. Dios es eterno. Frente al mundo, Dios es el inalcanzable y el totalmente otro.
La propiedad esencial de Dios es ser santo. Pero su santidad no es sólo estar en una realidad totalmente otra, no es sólo porque no sea pecador ni criatura, sino por su amor, por la inconcebible fuerza del amor con que se entrega.
En tercer lugar aparece en el Antiguo Testamento el nombre de Dios. El nombre para los hebreos es parte integrante de la persona; responde a la esencia del objeto nombrado y la revela.
Dios ofrece su nombre, como una muestra de cercanía. El nombre ocupa el lugar que en otros cultos tiene la imagen.
El primer nombre que aparece es El o Eloín, que significa poder, gloria, majestad, fortaleza… Israel recoge este nombre de los pueblos y religiones vecinos pero le da un giro personal, habla del Dios de nuestros padres, del Dios de Abrahán… es un Dios que se relaciona o vincula con personas.
Otra expresión de Dios es Adonai, es el Señor que ha creado el pueblo, lo posee y lo conduce.
El nombre principal que se le da a Dios en el Antiguo Testamento es Yahvé. Es la manera más habitual de llamar a Dios. Yahvé lo han traducido como “yo soy el que soy”. Dios les dice eso para no decirles quien es, para que no intenten atraparlo, pues Dios es más grande que todo.
En cuarto lugar, el Dios que aparece en el Antiguo Testamento es el Dios de la Alianza, ya que la historia de la salvación es una historia de las alianzas de Dios con la humanidad.
La Alianza es una promesa solemne de Dios que se compromete a ser nuestro Dios, y nosotros su pueblo, para ser acompañados en toda la historia.
Dios le pide a su pueblo un acompañamiento y ordenamiento de la vida, esto aparece en el decálogo. Las tablas de la ley son las tablas de la alianza.
El Señor de la Alianza exige incondicionalidad, no quiere que lo compartan. Pero al mismo tiempo es un Dios misericordioso y fiel con su pueblo. Cuando el pueblo de Israel es infiel, Dios sigue manteniendo su fidelidad y perdón.
Dios se relaciona con los hombres personalmente, a través de la Alianza.
El Dios único y santo que nos trasciende, que hace alianza con nosotros y nos da su nombre, se nos acerca y nos santifica.
En el Antiguo Testamento aparece mucho el Espíritu de Dios. El Espíritu como aquella fuerza activa y móvil de Dios que actúa, salva, guía…
Nos habla de la acción de Dios que actúa en los profetas, en los jueces y en los reyes, que son poseídos por el Espíritu y alcanzan victorias o proclaman la Palabra de Dios o gobiernan.
Cuando el pueblo vuelve del destierro, el Espíritu es para todo el pueblo. Es la renovación de la Alianza: os daré un corazón de carne y escribiré mi ley en vuestros corazones, el Espíritu se ofrece a todos.
Por último, en el Antiguo Testamento, en contadas ocasiones se aplica a Dios el nombre de padre, se le compara con la ternura de un padre, o con la forma de corregir de un padre.
Con esta negativa a usar la palabra padre nos quiere decir que Dios está en otro nivel de realidad, que trasciende de estas relaciones, que está más allá de los sexos.

domingo, 30 de diciembre de 2012

PROYECTO DE DIOS



Dios, como creador y consumador del mundo, tiene un proyecto de salvación para el género humano.
Este proyecto de salvación comienza con la creación del mundo, culmina con Jesucristo, y se consuma con la escatología.
La Revelación de Dios nos presenta una historia anterior a Jesucristo, es la historia de la salvación que se narra en el Antiguo Testamento.
Pero el centro de la historia de la salvación y de la teología es la Cristología. Jesucristo es la plenitud de todo el proceso iniciado en la creación.
La creación tiene el objetivo de que aparezca Jesucristo con una misión concreta.
Entre Cristo, culmen de la Revelación, y la escatología, consumación del proyecto de Dios, está lo que fundó Cristo: la Iglesia.
La Iglesia continúa la salvación que Jesucristo ha traído a todas las criaturas, y lo hace a través de la predicación y los sacramentos.
Los sacramentos son la acción por medio de la cual la Iglesia hace presente a Jesucristo con todo su poder en la vida de los creyentes.
La Iglesia, Cristo y los sacramentos son inseparables.
Los sacramentos dan la gracia. La gracia es Dios mismo, es Jesucristo.
La gracia (Jesucristo) la da la Iglesia en los sacramentos, y Cristo nos da el Espíritu Santo que hace que nos configuremos con Él.
Cristo, por medio de la Iglesia y a través de los sacramentos nos da la gracia para vivir en la moral cristiana.
La moral cristiana nos llevará a la caridad, que es la virtud teologal más importante.
Con la caridad, cumpliendo el amor, nos presentaremos delante de Dios al final de los tiempos, en la escatología.
Esta es la secuencia: Dios-Revelación-Cristo-Iglesia-sacramentos-gracia-moral-amor-escatología-Dios.
Para reflexionar:
¿Somos conscientes que Dios tiene un plan de salvación para la humanidad?
¿Vemos continuidad en la revelación del plan de Dios antes y después de Jesucristo?
¿Puede fallar ese proyecto de salvación? ¿De qué o de quien depende?

miércoles, 19 de septiembre de 2012

MILAGROS


Hoy los milagros cuestan de aceptar. Pero los historiadores reconocen que Jesús realizó obras prodigiosas o actividades portentosas. No se puede presentar la figura de Jesús sin milagros.
Jesús hizo milagros, forman parte de su misión y aclaran su misterio, ya que en ellos la gente sentía una presencia visible del poder de Dios unido a la persona de Jesús.
Los evangelios sinópticos para describir los milagros utilizan las palabras fuerza, poder, potencia…. que una fuerza poderosa salía de dentro de Jesús, es la fuerza y el poder de Dios. No explican el milagro, exponen el hecho en sí tal como lo vivió la gente. En cambio el evangelio de Juan utiliza la palabra signo para dar a entender que ese milagro tiene un significado.
El milagro es obra de Dios y es una manera de mostrar la identidad de Jesús. Por eso cuando los discípulos del Bautista le preguntan si es el Mesías, Jesús contesta que los ciegos ven, los cojos andan… Jesús alude a los milagros que son signo de su identidad mesiánica.
El milagro de la curación del paralítico es descrito en los 3 evangelios: los que llevan al paralítico entran por el tejado, se lo dejan delante de Jesús y se van, no dicen palabras.
Jesús se acerca al paralítico y le perdona los pecados, no pasa nada más. La reacción del paralítico, de los amigos y de la gente ¿cómo debió ser?, no vieron nada.
Sólo reaccionan los fariseos, que entienden perfectamente la frase de Jesús, y dicen que perdonar los pecados sólo lo puede hacer Dios.
Entonces Jesús pregunta ¿qué es más fácil perdonar o curar?, aquí está el sentido, pues añade a continuación, para que veáis que tengo poder para perdonar los pecados, te digo, levántate y vete a tu casa.
Jesús no dice que es Dios, lo dicen los fariseos, es un milagro que muestra la identidad de Jesús.
No se puede decir que milagro sea aquello que se escapa al curso ordinario o a la observación de las leyes de la naturaleza.
En el milagro, mediante la intervención inmediata y sanante de Dios, la naturaleza es potenciada y revive. Hay una intervención sobrenatural de Dios.
En el milagro Dios no realiza algo que va contra la naturaleza, sino que potencia las leyes de la naturaleza y de la creación, el milagro es un acto creador de Dios.
Si tras el milagro el ciego ve, es porque existe esa capacidad en los ojos para ver, aunque en esa persona en ese momento estaba obstaculizado. Se puede explicar científicamente por qué antes no había visión y ahora sí, lo que no se puede explicar, y por eso escapa a la ciencia, es por qué ha habido ese cambio.
El milagro siempre escapará a nuestro conocimiento, pero no se contradice ni se opone a la explicación científica.
Jesús realiza los milagros cuando la persona tiene fe, o para aumentar la fe, no los hace a las personas que no tienen fe.
Si no presupone la fe o no causa la fe, no es milagro. El milagro sirve para el que tiene fe, para el que no tiene fe lo sucedido es sólo algo sin explicación.
El mayor milagro es la fe. Pero desde la fe ya no se necesita milagro. La fe cura, la fe es milagrosa.
Para reflexionar:
¿Somos capaces de captar las intervenciones sobrenaturales de Dios en nuestra vida?
Con la fe ¿somos capaces de ver milagros en nuestra vida cotidiana?
¿Pensamos que si se dieran más milagros se tendría más fe?