domingo, 2 de febrero de 2014

CÁRITAS-CARDENAL BERGOGLIO



Tras la reunión que tuvieron los obispos latinoamericanos en Aparecida (Brasil) en el año 2007, el entonces cardenal Bergoglio nos dice sobre cáritas que no es una ONG, sino que es una de las 3 dimensiones de la Iglesia.
La caridad tiene identidad eclesial propia, forma parte de su esencia junto con la Palabra y la Liturgia.
La tarea de cáritas es la dignificación de la persona y el servicio a los pobres.
Como la mayor pobreza que se puede tener es no reconocer a Dios y el amor que nos tiene. Nosotros, con nuestro testimonio de la caridad presentamos el misterio de Dios y de su amor en la vida de cada hombre (evangelización de los pobres).
Por eso la Iglesia tiene una opción preferencial por los pobres, y esto nos debe llevar a contemplar los rostros de los pobres, pues ahí vemos a Jesucristo.
Con este rostro que contemplamos nos comprometemos, y ahí entra nuestro desgaste personal.
Nos dice que la dignidad humana es el valor supremo de todo hombre, y nos debe llevar a la angustia por aquellos que no pueden vivir o alcanzar esta dignidad porque han sido despojados de ella por los ídolos del poder, la riqueza, el placer efímero…
Por eso nuestro trabajo desde cáritas (sin descartar la labor asistencial) debe ser la promoción humana y la liberación de todo hombre.
Todo esto nos va a llevar a cambiar nuestra vida. El que entra en esta dinámica de cáritas, con esa opción preferencial por los pobres, tiene que renunciar a sus espacios personales de privacidad y disfrute.
Cuando vemos la pobreza y exclamamos ¡qué barbaridad!, esa pobreza ¿cómo entra en tu vida? ¿cómo te molesta la vida? ¿te lleva a un cambio en tu estilo de vida?
Si no hay cambio en tu vida, es que no tienes opción preferencial por los pobres, ni contemplatividad, ni compromiso, ni trabajo de liberación y promoción.
La Iglesia nos pide gestos concretos: hacernos compañeros de los hermanos pobres, compartir el tiempo con ellos, tener con ellos cercanía y solidaridad.
No se puede decir que se pertenece a cáritas si no se toca “la carne” del hermano herido.
Solo la cercanía que nos hace amigos de los pobres nos permite apreciar sus valores, sus anhelos y su modo de vivir la fe.
Debemos incluir a los pobres en nuestra comunidad, procurando que colaboren con nosotros en lo que sepan o puedan hacer.
Así llegamos a una actitud permanente de encuentro, hermandad, servicio. Es la solidaridad del servicio de cáritas, que nos lleva a cambiar nuestros hábitos de vida, y ya no nos podemos permitir ciertos lujos que antes de la conversión teníamos. Ahora vamos a ser amigos de los pobres, modestos, austeros…
Se produce en nuestro interior una conversión que nos cambia la vida, que nos da cercanía y solidaridad con el hermano pobre y no nos avergonzamos de él.
El buscar a Cristo en el rostro del pobre nos lleva a contemplar el rostro del Señor, pero para llegar aquí hace falta mucha oración.
Quien trabaja en cáritas suscita esperanza entre los pobres, pues si no somos capaces de ello, tampoco la tendremos nosotros.
Debemos también prestar atención a aquellos que son capaces de cambiar estructuras y no conocen la justicia social de la Iglesia, suscitar esperanza en ellos.
El hacernos amigos de los pobres y acompañarlos hace que se involucren en nuestras vidas y nosotros en la de ellos, nos damos esperanza mutuamente, y también se la damos a aquellos responsables de las estructuras.
Reflexión:
Como cristianos ¿participamos de la opción preferencial por los pobres? ¿Nos consideramos parte del brazo amoroso de la Iglesia que acoge, dignifica y promociona a todo hombre? ¿Esto nos lleva a cambiar de vida? ¿Hasta donde; a qué hemos renunciado? 


domingo, 29 de diciembre de 2013

LA LITURGIA EN LA ECONOMÍA DE SALVACIÓN



Dios crea el mundo con una finalidad, tiene un proyecto de salvación para el género humano.
Esta salvación proyectada y revelada por Dios Padre es un misterio: primero fue anunciada y preparada por los profetas, luego llega a plenitud y se cumple en Cristo, para posteriormente darse a conocer por la predicación de los apóstoles a través de la Iglesia, gracias a la acción del Espíritu Santo.
Dios al encarnarse se une a la historia humana, y así, la salvación se realiza en el tiempo.
Ahora estamos en la tercera y definitiva etapa de la historia de la salvación, en el tiempo de la Iglesia o del Espíritu Santo donde Cristo manifiesta, hace presente y comunica su salvación. Esto lo hace el Espíritu Santo que actúa en la acción de la Iglesia y nos introduce en la historia de la salvación. 
La liturgia hace presente los acontecimientos que nos salvaron. En cada celebración por la efusión del Espíritu, la muerte y resurrección de Jesucristo que ocurrió de una vez para siempre, se actualiza y se hace presente, se hace memorial.
La liturgia, con lo que le precede (la conversión y la fe) y con lo que le sigue (la vida moral) es el modo actual de entrar en la corriente histórica de la salvación.
El centro de esta economía de salvación está ocupado por el misterio pascual de Jesucristo, que es lo que la iglesia anuncia y actualiza en la liturgia.
Igual que Cristo fue enviado por el Padre, él mismo envió a los apóstoles para que realizaran la obra de salvación mediante los sacramentos, mediaciones por las que actúa y se hace presente Cristo resucitado.
El Cristo que realiza la salvación está presente y actuando en la liturgia, confiere a esta una eficacia salvadora. La Iglesia anuncia y realiza la salvación, hace lo mismo que hizo Jesucristo.
Cristo nos redime con su misterio pascual, instituye el memorial de su muerte y resurrección y se lo entrega a la Iglesia, y en ella, el Espíritu Santo nos descubre el significado salvífico de este misterio, lo hace presente, y nos introduce en él a través de la liturgia.
Los sacramentos, con la Eucaristía como sacramento central, son la acción por medio de la cual la Iglesia hace presente a Jesucristo con todo su poder, en la vida de los creyentes.
La resurrección de Cristo es la fuente de toda sacramentalidad. La humanidad glorificada de Cristo se hace presente en cada sacramento.
La sacramentalidad de la Iglesia se expresa sobre todo en la Eucaristía.
La Eucaristía es la cumbre de la vida cristiana, por lo que todas las demás acciones sagradas y obras de la vida cristiana, se relacionan con ella, proceden de ella y a ella se ordenan.
En resumen, la liturgia es la presencia de la salvación en la historia, ya que a través de los sacramentos nos inserta en el misterio pascual de Cristo, que es lo que nos redime y nos salva. El hombre acoge la salvación por medio de los sacramentos.
Esta vida de gracia recibida por medio de la iglesia a través de los sacramentos nos lleva a cumplir una moral, para vivir como cristianos.
La moral cristiana nos llevará a la caridad, que es la virtud moral más importante, de forma que con la caridad, cumpliendo el amor, nos presentaremos ante Dios.
Para reflexionar:
¿Nos damos cuenta de la importancia de la Eucaristía para nuestra vida cristiana? Si en los sacramentos actúa Jesucristo y a través de ellos nos metemos en la historia de la salvación ¿cómo participamos de los sacramentos?

domingo, 27 de octubre de 2013

RELIGIÓN



Es un hecho constatado que desde que existe el hombre a su lado ha estado la religión.
Si en la historia de la humanidad la religión hubiera sido algo coyuntural fruto de una necesidad, cuando se satisface la necesidad o cuando las ciencias dan una solución, ya no hace falta Dios.
Pero la religión no es coyuntural, es estructural, forma parte de la esencia humana. El hecho religioso es connatural a la humanidad, pues el hombre por lo que es, está abierto a la trascendencia y es en la religión donde trata de buscar ese diálogo o contacto con Dios.
El ser humano ha sido creado para existir en relación con Dios, para vivir en comunión con Él, pues ha sido creado a su imagen y semejanza y está capacitado para dialogar con Él.
Esto lleva al hombre a estar ligado a Dios. En el interior del hombre se encuentra un sentimiento de dependencia inserto en su misma esencia.
La meta del hombre es ver a Dios, encontrarse con él, y eso liga al hombre con Dios. Este es el por qué de que haya religión.
En la religión el hombre busca a Dios, pues se siente religado, atado a él, y busca dar culto al creador. El hombre pregunta, busca, y Dios responde, Dios sale al encuentro.
Existen diversidad de religiones, en ellas hay una doctrina, un culto, y todas buscan la salvación del hombre.
La religión es una experiencia humana de relación con una realidad suprema o misterio, que confiere sentido a la propia vida, pero no es una experiencia experimental, pues no parte de los sentidos, ni se puede repetir ese experimento, ni ese experimento es igual para todos.
La experiencia religiosa es experiencial, es vivencia, supone un contacto o relación personal con lo que se tiene experiencia.
Cuando uno tiene experiencia de Dios, todo él se transforma, pues esta experiencia llega al corazón, afecta al yo; todo queda transformado con la presencia de Dios.
La relación ante Dios es de éxtasis, el hombre sale de sí mismo y Dios ocupa el centro (aunque Dios no niega nuestro yo, sino que lo hace distinto y mejor).
Para que exista religión se necesita el sujeto creyente y el objeto creído. En esta relación la iniciativa es de Dios.
La religión supone encuentro, el ser trascendente se hace presente, nos visita. Por eso la actitud religiosa lleva al sacrificio (a través de un objeto consagrado se pretende realizar o expresar la relación con la divinidad) y a la oración (relación directa con la divinidad, acto central de la actitud religiosa).
Para reflexionar:
¿Qué entendemos por religión y ser religiosos? ¿Nuestra actitud religiosa es de relación con Dios o cumplimiento de normas y preceptos? ¿Cómo nos relacionamos con Dios?

jueves, 17 de octubre de 2013

TEOLOGÍA FUNDAMENTAL



El contenido de la Teología fundamental es la Revelación de Dios a la humanidad y su acogida en la fe.
Ante la Revelación la teología escucha y reflexiona lo que dice, y la justifica.
La Revelación se justifica porque la fe es razonable, coherente con la razón humana. Para creer no hay que prescindir de la razón.
Se trata de justificar de forma racional la aceptación de la Revelación divina.
La teología pretende presentar el mensaje cristiano exponiendo los motivos por los que se justifica el sí de la fe a la revelación divina. Hay que justificar el sí que le damos a la persona y al mensaje de Jesucristo que la Iglesia anuncia.
Pero no es sólo ver qué dice la Revelación, sino verlo en dialogo con el otro (con el que no cree) y buscar la justificación racional.
Ya desde el inicio del cristianismo la predicación cristiana tiene, entre otras, una función apologética en cuanto trata de “dar razón” o “explicación” al que nos interroga por nuestra fe (1 Pe 3, 15: “... dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza”).
Este texto está dirigido a cristianos que viven en la diáspora, que lo están pasando mal, pues son perseguidos, criticados y burlados por la sociedad (algo parecido a la actualidad).
El cristiano debe saber dar una razón o respuesta no solo de su fe, sino también de su esperanza, pues ésta conecta con el sentido de la vida.
Esta conexión de fe y razón muestra que la revelación es creíble, hay que mostrar que Jesucristo es creíble.
Hoy es importante mostrar que el cristianismo es una respuesta con sentido para el hombre actual.
Para reflexionar:
¿Cómo es mi fe? ¿Creo sin cuestionarme lo que se me transmite? o ¿No creo más que lo que se puede demostrar?  


sábado, 21 de septiembre de 2013

COMUNIÓN DE LOS SANTOS



La Iglesia la constituimos las personas que estamos en la tierra, las que están en el purgatorio y las que están en el cielo. Es un consorcio o comunidad de vida que tenemos desde la tierra con nuestros hermanos que están en la gloria y con los que están purificándose. A esto se le llama comunión de los santos.
La Iglesia global está integrada por 3 estados: la Iglesia militante o peregrina (los que estamos en la tierra), la Iglesia purgante (los que están en el purgatorio) y la Iglesia triunfante (los que están en el cielo). El nexo de unión de los 3 estados es Jesucristo.
El conjunto de estos 3 estados forman la Iglesia comunión de los santos. Es la comunión de todos los que estamos alrededor de Jesús.
Lo que fundamenta la unión entre estos 3 estados es una misma caridad (caridad es el amor de Dios). Estamos unidos por el amor de Dios que viene a nosotros, porque poseemos el Espíritu Santo (que es el amor de Dios).
Por eso sólo los que tienen el Espíritu Santo forman parte de la comunión de los santos, pues gracias a él estamos unidos por la caridad y somos de Cristo.
Dios es el que nos ama, y el amor que Dios nos tiene y que nos viene a través de Jesús, es tanto para los que estamos en la Iglesia peregrina, como para las almas del purgatorio y del cielo.
Dios nos ama aún siendo pecadores, y con su amor nos transforma, nos quita el pecado, nos llena de su amor, y ya podemos amar.
Dios, una vez nos ha dado su amor, nos da la oportunidad de que le devolvamos el amor por propia iniciativa, para ello nos dice que amemos al prójimo, pues no le podemos devolver el amor directamente, pero sí a través de nuestros semejantes.
La caridad, que es el amor de Dios, al llegar a nosotros nos capacita para amar a los demás, ese amor es el motor de la comunión de los santos.
Para los católicos el concepto de Iglesia es más amplio que el de comunión de los santos, pues los que están en pecado temporalmente no forman parte de la comunión de los santos, pero siguen formando parte de la Iglesia.
En la Iglesia militante estamos viviendo la misma vida que en la Iglesia triunfante, el mismo Espíritu Santo nos mueve a todos. Hay una comunicación de bienes espirituales.
En el cielo, Jesús preside la alabanza a Dios Padre, y todos los santos del cielo están unidos en esa alabanza junto a todos los ángeles.
Nosotros participamos de esa alabanza del cielo cada vez que hay una Eucaristía. En la misa estamos rodeados de toda la corte celestial. La Eucaristía es la participación desde la tierra de  la liturgia que se celebra en el cielo.
En el cielo hay también oración de petición o intercesión: Jesús resucitado intercede continuamente por nosotros. Los santos colaboran con Jesús en esa intercesión.
Para reflexionar:
¿Nos damos cuenta que participamos de la liturgia celestial al estar en comunión?
La caridad, es decir, la capacidad de amar a los demás con amor divino ¿es la que produce la comunión de los santos? ¿Nos viene de Dios a través del Espíritu Santo al unirnos a Cristo?

lunes, 16 de septiembre de 2013

EL MAL Y EL DOLOR HUMANO



En el mal y el dolor es en donde se siente más el silencio de Dios. Ante el mal surge la pregunta de ¿qué hace Dios? o, ¿por qué Dios no evita el mal?
El sufrimiento y el dolor han sido siempre una causa para cuestionar la existencia de Dios.
Epicuro fue el primero en plantear que si Dios es omnipotente no entiende por qué no evita el mal. ¿Cómo puede ser Dios bueno y permitir el mal?, parecen atributos contradictorios.
Hay una contradicción en que haya un Dios y un mal. No puede ser que exista Dios ante la presencia del mal.
S. Agustín dice que el mal es algo negativo, pero sentimos el mal porque hay bien, el mal es la ausencia del bien. Si no hubiera bien no podríamos sentir el mal. Y Sto Tomás de Aquino nos dirá que si hay mal es porque hay bien y si hay bien es porque hay Dios. El bien tiene su causa última en Dios y si hay mal es porque hay bien y hay Dios.
El mundo y la criatura humana son finitos y contingentes, solo el creador es perfecto. La contingencia y la posibilidad de error está en todo lo creado, por eso existe la posibilidad de mal. El fallo, el desajuste, el mal, es inevitable en una realidad creada.
El mal físico es aquel que nos encontramos, el que proviene de la naturaleza.
El mal moral es el que procede de la libertad humana, fruto de la decisión de la voluntad del  hombre.
El mal físico es consecuencia de la contingencia del mundo, la naturaleza imperfecta puede producir ese mal. Pero el pecado humano repercute en la naturaleza.
Respecto al mal moral, la explicación está en la libertad humana, entonces ¿vale la pena que Dios haya creado un mundo con seres humanos libres capaces de hacer el mal? A esto se responde que la grandeza y miseria del ser humano es la libertad, y por tanto podemos ser causa de mal.
Dios ha creado un mundo contingente que tiene fallos y provoca el mal, además ha optado por una creación de hombres libres capaces de hacer el mal.
Ante esto hay argumentos que dicen que el mal puede ofrecer a los hombres una posibilidad de autoformación y enriquecimiento. Pero esto puede llevarnos a justificar el mal por un bien, y eso no es correcto. El fin no justifica los medios, el que haya un fin bueno no justifica medios malos.
Dios quiere un bien, que es la libertad humana, aunque eso causa males, pero Dios quiere lo bueno, no el mal.
La respuesta cristiana al hombre que se encuentra y vive el sufrimiento, es la cruz de Cristo. Dios mismo asume el mal, el dolor, y lo convierte en redentor. Eleva el dolor humano de Jesús y nos invita a unirnos a ese dolor.
No hay respuestas contundentes y definitivas frente al mal. Hay que mirar a la cruz y asumirlo.
Ante el mal, la Sagrada Escritura nos invita a paliar el dolor de los demás, a ser solidarios y compasivos, nos invita a una praxis frente al mal.
En el libro de Job, Dios acaba diciéndole al hombre ¿quién eres tú para pedirme explicaciones? No podemos conocer la mente de Dios ¿cómo vamos a encontrar la razón por la que hay mal?
El problema está en que Dios es omnipotente, es bueno, y está el mal, pues si desapareciese una de estas 3 afirmaciones, no habría problema.
Para reflexionar:
Nuestro sufrimiento y dolor si lo unimos al de Jesús en la cruz ¿contribuye a la redención del mundo?
¿Donde se da la retribución al justo que sufre?

sábado, 14 de septiembre de 2013

TEMAS ÉTICOS DEL NUEVO TESTAMENTO



El interrogante del Nuevo Testamento es: ¿qué tenemos que hacer para ser fieles al acontecimiento Cristo? La respuesta es la conversión.
Los evangelios sinópticos: predican el reino de Dios y su justicia, persiguen una moral que nazca del interior de las personas y los cambie. Es la llamada a la conversión, a cómo vivimos la fe. Para conseguirlo, se nos dice que Dios es misericordioso y se acerca al hombre para que se convierta.
Pero en estos evangelios hay además otra moral, la del discipulado, que consiste en seguir a Jesús. Para ello no basta el aprendizaje teórico, hace falta la adhesión personal al Maestro.
El ideal del Nuevo Testamento no es la ética de mínimos del Antiguo Testamento, sino la de máximos de las bienaventuranzas. Es una propuesta de felicidad basada en una moral que se funda en el amor y la caridad.
Al experimentar el amor, la misericordia y el perdón de Dios, podemos vivir las bienaventuranzas. Es la moral del amor.
La vida moral del Nuevo Testamento es el seguimiento de Jesús en el cumplimiento de la caridad, y se realiza por la acción del Espíritu Santo que es quien lo explica todo, da fuerzas y posibilita que el cristiano se convierta.
Moral paulina: la salvación es creer que Jesús es el Señor. Que las promesas de Dios se cumplen en Jesús.
Es la moral que surge del encuentro personal con Cristo Resucitado, que nos busca, nos cambia y nos libera para que seamos felices.
Nos lleva a ser hombres nuevos que viven en las 3 virtudes que nos mantienen unidos a Dios: fe, esperanza y caridad. La más importante es el amor.
Es una moral de la vida cotidiana basada en las virtudes, con un crecimiento gradual. El cristiano está en camino.
Escritos joánicos: la tarea moral es permanecer en el amor de Dios, y esto se consigue con el seguimiento de Jesucristo.
Al ser Jesús camino, verdad y vida, vivir en Cristo es la verdad y el camino a seguir.
El mandato del Padre Jesús lo entrega: amaos unos a otros como yo os he amado. La clave moral es el “como yo os he amado”. Quiere que nos amemos con esa entrega y radicalidad que es expresión del amor del Padre.
Cristo es el modelo de comportamiento cristiano, por eso el cristiano no vive la ética de mínimos (cumplir los mandamientos), sino que debe amar y entregarse como Jesús.
Carta de Santiago: subraya la importancia de las obras para mantener viva la fe. Existe relación fe y obras.
Nos salva la fe: pero la fe actúa por medio de las obras de amor, ya que al convertirnos intentamos vivir como la fe nos dice.
Es el obrar moral: que exista coherencia entre fe y vida, pues no se puede decir que se cree en Dios y no importarnos lo que hacemos.